Críticas a la supuesta neutralidad de la tecnología (Winner y Noble)

Tanto Langdon Winner como David F Noble critican la supuesta neutralidad de la tecnología, atribuyendo a ésta, una forma en la que los grupos de poder pueden ejercer su voluntad y moldear la sociedad y sus intereses.

Langdon Winner a través de su artículo “Do artifacts have Politics?” reflexiona, utilizando la historia del arquitecto Mosses, cómo la tecnología puede conseguir un efecto determinado en la sociedad. Para Winner existen dos tipos de tecnología inherentemente políticas, aquellas que son compatibles con un tipo de estructura social y aquellas que para subsistir necesitan obligatoriamente un tipo de estructura social. La decisión de adopción de estas tecnologías recae en la clase dominante que quiere moldear la sociedad para su beneficio y conforme a sus intereses. Este mismo texto nos habla de la relación entre los nuevos artefactos de la tecnología y la política: los encargados de construir, crear, evaluar, administrar estos artefactos nunca lo hacen sin una razón política de fondo, siempre tienen en cuenta la calidad de vida, el estatus socio-económico i otros aspectos para el desarrollo de las ciudades, empresas o actividades.

Para Noble, la concepción del progreso dominante en nuestra sociedad: la automatización, se presenta como uno de los principios fundamentales. De esta forma, automatizar no sólo es un medio para augmentar la productividad y el control sobre la fuerza de trabajo, sino que también es una forma de extender la ideología del progreso tecnológico como si de una ineludible necesidad histórica se tratara. Entonces, se asume la automatización como algo natural e inevitable, como si fuera un hecho natural y hasta incluso racional, de acuerdo con la idea de la evolución Darwinista. Al contrario, la introducción de la tecnología es en realidad una imposición que obedece a razones y decisiones políticas (de poder, de clase…) y, más concretamente, en la reciente ola de innovación tecnológica, a los intereses del complejo militar-industrial. Dos ejemplos (la introducción del control numérico en las máquinas-herramienta y los contenedores de transporte), dos tecnologías que representan un papel clave en la actividad industrial de los países más desarrollados ilustran perfectamente esta dependencia del progreso tecnológico respecto a los intereses militares, y, sirven a David F. Noble para desbaratar los tópicos sobre la automatización y la pretendida racionalidad del progreso tecnológico, mientras, nos plantea, si no habrá llegado ya la hora de hacernos preguntas del tipo: ¿Qué tipo de progreso queremos? ¿Qué tipo de progreso, como sociedad, podemos permitirnos?

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